Motivos

Desde que nacemos, las mujeres tenemos el control sobre los hombres en una cosa muy importante: cuándo nos apetece y cuándo no nos apetece jugar a las cartas con nuestra pareja.

Aparte de eso, somos superiores en algunas otras cosas:

  • Mentir sin titubear.
  • Poner excusas sin balbucear.
  • Manipular sin sentirnos culpables.
  • Fingir alegría cuando ganamos a las cartas.
  • Sobrevivir una semana solas sin desayunar, comer y cenar pizzas precocinadas.

Los hombres saben hacer estas cosas también, pero deben de tener dañado el córtex encargado de no parecer idiotas, en el más serio y estricto sentido de la palabra, cuando mienten. ¿Alguna vez habéis visto a un niño de seis años diciendo “yo no fui” mientras sujetaba una pelota con la mano derecha y escondía con sus piernecitas un jarrón roto? Pues a los 20, lo mismo. A los 30, siguen igual.

Pero esto es una introducción bastante sin sentido sobre el tema del que quiero hablar hoy. Una vez ya he establecido que las mujeres mentimos y ponemos excusas sin balbucear, puedo entrar en materia: por qué muchas veces no nos apetece jugar a las cartas con nuestra pareja.

Que no que no. Que no nos liáis.

Que no que no. Que no nos liáis.

Y aquí, amigos, es cuando os descoloco, he oído durante demasiado tiempo que “es que están locas, que por cualquier cosa se enfadan y ya no quieren jugar a las cartas”. Pero que con pedir perdón se soluciona, aunque ni siquiera sepas lo que has hecho. NO, DIOS, mirad que hay que ser enrevesados, ¿eh? Aquí están los verdaderos motivos:

Causas externas

  • Cansancio
  • Estrés
  • Problemas con la familia (pista para los hombres: si la escucháis y animáis, jugaréis a las cartas).
  • SPM (Nos duele la vida, nos sentimos hinchadas… un horror).

Por vuestra culpa

  • Habéis pasado de nosotras durante varios días, eso no nos gusta, nos hace pensar que sólo nos queréis para jugar a las cartas.
  • Os hemos pillado hablando de lo que os gustaría jugar a las cartas con Miranda Kerr. Es normal, sabemos que os encantaría, pero cuando lo oímos, como que nos sienta mal; nos empezamos a mirar al espejo en ropa interior agarrándonos michelines y a veces hasta nos apuntamos al gimnasio (para no ir nunca).
  • Habéis hecho un comentario desafortunado en la mesa del tipo “¿vas a repetir tarta?” mientras ibas directa con el cuchillo a coger otra ración. Da igual que no tenga segundas intenciones, una mujer jamás haría ese comentario sin llamar de manera sutil GORDA a la otra persona. Así que simplemente no entendemos que vosotros preguntéis de manera inocente.
  • Habéis preferido ver un partido de fútbol a quedar para jugar a las cartas, así que nos vengamo privandoos de partidas de cartas de manera indefinida.

Esto es algo que pasa desde siempre, hasta Aristófanes escribió sobre ello en Lisístrata, todas las mujeres de Atenas haciendo huelga de jugar a las cartas. Ya en el siglo V utilizábamos estos métodos. ¿Y por qué seguimos utilizando la huelga para conseguir lo que queremos de vosotros? Porque, amigos, funciona.

Pensaba escribir sobre motivos y excusas; pero, para variar, me he enrollado un poquito y no es plan de soltar aquí las excusas también. Ya mañana si eso. Buen sábado.

3 comentarios en “Motivos

  1. Los chicos también fingimos en ocasiones (si hay protección no es difícil tirarse un farol, somos simples y silenciosos), también tenemos nuestras excusas, se reducen a orgullo de macho alfa… es genético e inevitable, lo siento. Intrigado por la continuación.

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    • Realmente si estamos atentos y a lo que tenemos que estar, ni nosotras ni vosotros podemos hacer trampa jugando a las cartas sin ser pillados. El problema es que muchas veces estamos más a nuestra jugada que al contexto.

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      • jajaja si… sobre todo los chicos, mucha presión, pero personalmente creo que no me enteraría nunca de algo así, como ya sabrás el ego masculino se podría ver muy afectado…, es lo que nos toca, si no ganais no queremos volver a jugar, o aún peor, no os dejamos en paz hasta echar otra forzada y desastrosa partida, mucha presión para vosotras también me imagino, es lo que os toca…

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