Compis party

Soy consciente de que hace siglos que no escribo. Es que veréis, esta última semana ha sido, cuanto menos, intensa. Tan intensa que creo que me he quedado agotada para unos cuantos meses: visitas de Bélgica, visitas de París, cenas, fiestas, fallas, despertàs, mascletàs, castillos de fuego, churros, buñuelos, paellas y mucho vino tinto.

PAEEEEEELLA

PAEEEEEELLA

Pero ante todo, erupciones hormonales bastante interesantes. Hay muchas frases hechas que se aplican también a esta semana de fiesta loca: “En fallas todo se magnifica”, o la clasiquísima “lo que pasa en fallas, queda en fallas”. Pues bien, eso haré, creo que me puse en plan folclórica, me lié la manta a la cabeza y me enfadé con todo ser humano con pene sobre la faz de la Tierra. Ahora que ya ha pasado esa intensísima semana, he vuelto a mi ser. A mi actitud. Echaré la culpa al hecho de haber dormido alrededor de 6 horas en toda la última semana.

Bueno, vamos ya al tema que nos ocupa: ese momento en el que descubres que alguien a quien apreciabas muchísimo resulta no considerarte más que un colega, en el sentido más americano de la palabra. Supongo que esto está directamente relacionado con mis conceptos de amor, amistad y adorar a los perros, pues, en cierto modo, las tres son muy parecidas. No soy una chica de muchos amigos, es bastante difícil que llegue a apreciar a una persona, y ya no hablemos de admirar; pero cuando lo hago, soy increíblemente leal. Siempre he achacado esto a mi amor por los perros, de aquí mi undécimo mandamiento (muy personal e intransferible): “no te fiarás del prójimo si éste tiene gato”.

Ahora bien, ¿qué quiere decir lealtad? Lealtad quiere decir estar ahí. Siempre, sin condiciones, para ayudar a quien aprecias y sin esperar nada a cambio. Es algo que considero básico en cualquier relación de amistad. E, incluso en una relación de pareja, la sitúo muy por encima de la fidelidad. Aquí es cuando todos mis compañeros de trabajo y prácticamente toda la gente que conozco se lleva las manos a la cabeza. Sí, para mí la lealtad es mucho más importante que la fidelidad. Y, por consiguiente, la amistad me parece muchísimo más importante que cualquier otro tipo de relación. Poder contar con alguien cuando lo necesitas es mucho más generoso que atarlo. Pero la lealtad está subestimada, por eso mismo existen los celos, las preocupaciones y la mayoría de los problemas que suelen darse en las relaciones entre personas.

Sé que lo estoy dejando todo muy en el aire, pero no me quiero poner demasiado profunda, me aburro a mi misma, así que os dejo. Con Dios. Espero volver pronto. Also, TENGO QUE CUIDARME, reñidme si me veis coger cereales de chocolate. Pero ya si eso a partir del lunes que viene.

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