Odisea de bolsillo

Otra vez que, tras siglos sin escribir, aparezco repentinamente. Lo siento mucho, es que estoy en modo desaparición más sobrecarga de trabajo. Desafortunadamente, noto cómo vuelvo a estar en proceso de enfadarme con todo ser humano que tenga pene e intento evitarlo diciéndome en bajito (tan bajito que sólo yo lo oigo) que son mis hormonas, que no es culpa de nadie.

Cremà o AL FIN TERMINA FALLAS

Cremà o AL FIN TERMINA FALLAS

Pero a ver, lo importante aquí es que tras la semana de Fallas todo volvió más o menos a su cauce y, como a mí las cosas en su cauce me parecen aburridísimas, decidí irme un fin de semana a Barcelona: me embarqué en una Odisea de bolsillo. Y digo “de bolsillo”, porque convertí un viaje en tren de 3 horas en una travesía de 10 horas y media. Os preguntaréis cómo es eso posible. Os lo explico con una sencilla oración: días en los que es mejor quedarse en la cama.

Así soy yo, ¿tren con salida programada a las 10:05? Vámonos de fiesta la noche anterior, que está aquí Simon y viene desde Suecia, ¡así nos despedimos! Lo que empezó como una tranquila cena terminó conmigo volviendo a casa a las nada despreciables 4 de la mañana. Cabe decir que todo lo que pasa a partir de las 2 de la madrugada es mal, lo dice Ted Mosby y yo le creo. Pero eso es otra historia.

Despertador a las 7 de la mañana. “¿Por qué tan pronto si el tren sale a las 10:05?” os preguntaréis. La respuesta es obvia queridos amigos: no había dejado absolutamente nada preparado la noche anterior. Así que tuve que hacer la mini-maleta (con abrigo gigante incluído, porque a Barcelona no había llegado aún la primavera), recoger la habitación (consecuencia de hacer la mini-maleta), ducharme, comprar víveres para el viaje y coger el metro hasta la estación que me habían dicho que era la correcta: Joaquín Sorolla.

El despertador fue lo único que funcionó. A las 7 sonó, a y 40 me levanté, tras 40 minutos sumida en un estado de semiconsciencia que alternaba cabezadas con infinitos cagamentos por tener que levantarme y con una voz en off sobrecogedoramente reprobatoria diciendo “te pasa por salir hasta tarde”. Me miro al espejo, doy pena y dolor. Me ducho. Hago la mini-maleta. La habitación quedó peor de lo que había previsto. Recojo. Desayuno. Miro la hora “OH DIOS MÍO, EL METRO SALÍA A LAS 9:29, SON LAS 9:27”. Claramente, bajo a por los víveres y cojo un taxi. “A Joaquín Sorolla, por favor”, todo en orden.

Llego a Joaquín Sorolla a las 9:55. Estupendo, imprimo el billete y una rubia de bote con una capa de 1 centímetro de grosor de petróleo marrón en la cara me dice “lo siento, pero este tren no sale de aquí, sale de la Estación del Norte, ya no llegas. Y este billete, al ser una oferta, no es reembolsable”. La primera en la frente. Lloro y no sirve de nada, le da penita al otro hombre que estaba en taquilla, lo ves que le apetece hacer una excepción, pero la bruja teñida es firme.

Cojo mi mini-maleta (que en realidad no es tan mini) y me dirijo a mi casa. Claramente, no tengo ni idea de cómo se va a mi casa. Llamo a mis amigos de Barcelona para decir que no voy, no lo oyen. Llamo a P.B., tampoco lo coge, claro, llegó a casa a las tantas. Llamo a mi amigo Roberto, lo coge y me viene a buscar. Me llama un amigo de Barcelona a los 40 minutos, consigue que me cambien el billete (hay que tener amigos hasta en el infierno Renfe). Mi nuevo tren sale a las 14:05 de la Estación del Norte. Esta vez no hay duda. Y sí, efectivamente, el nuevo tren sale más tarde que mi primera hora de llegada.

Bien, son las 11, sólo tengo que hacer tiempo. Eso es fácil. Hago tiempo. A las 13:50 estoy en la Estación del Norte. Imprimo el billete. Espero apaciblemente. Subo al tren. Entro en el tren. El tren arranca. Castellón, Benicássim, Oropesa, todo bien, L’Hospitalet de l’Infant. A las 16:15 un hombre se suicida tirándose a la vía del tren. Tres horas parados en un pueblo con nombre de serie que emocionó a Spielberg.

Aquí el billete con su falsa hora de llegada

Aquí el billete con su falsa hora de llegada

Llegada programada: 17:39. Hora de llegada real 20:30. Cabe decir que, como no, por si el viaje no había sido una mierda lo suficientemente grande, a mí me entró un mareo de magnitud considerable y vomité (sé que os gusta, así que lo repito: vomité).

Quiero hacer un breve inciso informativo: al llegar a Barcelona tenía que coger el metro. Y no sólo coger el metro y sentarme felizmente hasta llegar a la parada correspondiente. No, eso habría sido demasiado fácil. Tuve que que hacer trasbordo.

Ahora bien, aunque he estado mala todo el fin de semana como consecuencia de todo el cansancio acumulado, agradezco a todos los amables barceloneses lo bien que me han tratado y mi próximo post será uno feliz contando todas las cosas buenas que pasaron en Barcelona.

Con Dios.

3 comentarios en “Odisea de bolsillo

  1. Pingback: Barcelona | Sara Doe

  2. Pingback: Barcelona | Sara Doe

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s