Porno casero

Digamos que mis noches de sábado son un poco atípicas; y, en pleno culmen de aburrimiento vespertino-casi-nocturno, decidí ver aquello que todos los hombres del mundo ven desde que cumplen los 13 hasta que mueren, tengan o no tengan novia; llueva o haga sol: decidí ver porno. Pero antes de entrar de lleno en materia (jijiji), creo que debería ser sincera con vosotros: ésta no es mi primera experiencia en el mundo de la pornografía.

Yo preparándome para una sesión erótico-festiva-televisiva

Yo preparándome para una sesión erótico-festiva-televisiva

Mi historia con el porno empezó hace muchos años, más de los recomendables: en mi tierna infancia. Una noche que me escabullí y logré colarme en el salón sin que mis padres me pillaran, encendí la tele y la puse muy muy bajita, tan bajita que ni siquiera yo la oía. Empecé a hacer zapping, serían las 12 de la noche, llegué a un canal de la televisión local y la vi: una preciosa mansión rosa con las ventanas y las puertas blancas hacia la que se dirigía con aire decidido una chica rubia vestida de sirvienta (aunque un poco cortita de talla); si sólo hubiera visto su cara habría pensado que se trataba de una emprendedora recauchutada, con esa mirada ardiente y fiera llena de pasión por lo que hace: limpiar.

Pero bueno, aunque las letras en cursiva color amarillo chillón en una fuente con mil florituras de los créditos me cautivó, cambié de canal, estaban echando Agallas, el perro cobarde en Cartoon Network, y eso era P1, el motivo por el que me había escapado de mi cama. Agallas, el perro cobarde terminó, y la serie que venía después era una auténtica mierda no me gustaba demasiado, así que volví a poner la peli de la bonita mansión rosa. Ése fue mi momento traumático, el momento clave de mi vida: el momento en el que vi un chichi por primera vez. Pero claro, yo no sabía que aquello era un chichi. Yo sólo vi a aquella sirvienta a cuatro patas, y una rajita que tenía una pinta muy mala, y a un hombre metiendo no un dedo, ni dos, sino todo un puño dentro de esa raja, y ella hacía ruidos, gruñidos, gemía de dolor. “Pobre mujer, debe de tener una herida muy profunda”, lo mío era inocencia; y lo demás, tontería. Me quedé absorta mirando, mirando con mi mirada de ignorante limpia hasta que las cosas empezaron a ponerse serias y vi necesario cambiar de canal.

Pues bien, esta noche quise repetir ese momento, estaba nostálgica, así que utilicé a mi querido amigo Don Internet y entré por primera vez en mi vida en Redtube. Una vez dentro vi un montón de chichis y de tetas gigantes, era hasta grotesco. Hice click en un vídeo cualquiera dentro de la categoría “Amateur”, la verdad es que me daba igual, soy muy pasiva para esas cosas, dejo que me impresionen.

El vídeo empieza con una chica con pinta adorable hablando, respondiendo a preguntas que le hace el cámara. El cámara es una especie de Palanquilla, pero con una cámara más pro. Se hace un fade out y lo siguiente que se ve es un pene gigante y a la chica mona en modo híperguarro. ¿Mi opinión sobre el porno? Llamadme romántica, pero a mí ese rollo de “vamos a enseñar penes y chichis sin motivo” no me va, a mí me gusta que me camelen y me enganchen con un argumento, por muy estúpido que sea. Mi experiencia en la edad adulta con el porno  en carne y hueso los siete minutos que duraba ese vídeo, he perdido aguante desde los seis años.

Meten el sexo con calzador

Meten el sexo con calzador

Pero no soy tan blanda, no dejé ahí mi estudio de campo, como quería argumento, volví a las categorías y elegí el hentai, no abandoné mi investigación. Sé que son dibujitos tontos, pero me gustó infinitamente más, con contenido, con un poco de sentido. ¿Qué no me gustó? Lo poco realistas que son en la mayoría de las algunas cosas. Pongámonos en la siguiente situación: Un chico de 13 años que siempre ha sido fan del manga y el anime, se mete en el mundo del hentai, le gusta y lo ve durante años. Conoce a una chica a los 18 (no va a ser antes) y tiene sexo con ella. ¿Os dais cuenta de la de decepciones que se llevaría? Las principales son tres: la flexibilidad, la cantidad ingente de fluidos y el tamaño de las tetas. Otra cosa irreal del hentai es que, en la vida real, si violas a una chica, no va a terminar disfrutándolo. Eso no pasa. No lo intentéis en casa. Bueno, en casa menos, no violéis a vuestra madre, eso es de enfermos.

Bueno, ya está bien por hoy. Espero volver pronto con un tema menos triste, como por ejemplo contandóos que he salido de fiesta loca, cosa que llevo sin hacer un par de meses.

4 comentarios en “Porno casero

  1. La estafa del sexo no está en las mujeres ni en el sexo, está esta en algo mas personal
    los enfermos,si no abría enfermos del sexo no abría negocios del porno.Por otro lado me parece
    que tu vida es aburridísima eso es a si.

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  2. A muchos hombres nos gustaría separar el sexo de todo el proceso de conquista, sería más sencillo y probablemente mucho más sincero, de ahí que el porno vaya dirigido a cubrir necesidades muy específicas siendo completamente irreal. Gracias a Dios es más complicado que todo eso, si no, nos aburriríamos de él y… ¿Qué nos quedaría?, probablemente muchas cosas, de hecho todo lo demás. Pero la vida perdería cierto encanto/emoción. Por eso es bueno que os hagáis las duras y no siempre nos digáis que sí, toda esa ensalada emocional le da misterio a la vida.

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