Segundas partes

Hola a todos, os escribo desde Barcelona. Estoy pasándomelo muy pero que muy bien, comiendo mucho sushi y sacando muchas fotos para subirlas a Instagram. Pero sobre este viaje ya escribiré un post cuando vuelva a Valencia, como es ya tradición. Lo que me trae aquí hoy no son mis viajes, sino mis epifanías matutinas en el baño. Hoy, mientras me lavaba los dientes, he tenido una: Las segundas partes siempre son mejores.

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No sé vosotros, pero yo he crecido escuchando la frase “las segundas partes nunca fueron buenas”; y eso es una mentira muy pero que muy gorda. ¿Por qué? Porque están trasladando a la vida real algo que sólo se puede aplicar a las películas; y ni siquiera a todas, todos sabemos que la segunda parte de El Padrino es incluso mejor que la primera.

Ahora ya me centro. El momento de mi revelación ha tenido lugar mientras me lavaba los dientes pensando en lo mucho que me apetecían unas habas pintas. Las habas pintas están muy buenas recién hechas, pero al día siguiente son mucho mejores, si cabe. Luego, mientras frotaba mis dientes contra las cerdas del cepillo, seguí madurando la idea y, cómo no, me vino a la mente una lista de cosas que son mejores el segundo día:

  • Las habas pintas.
  • El pelo. Recién lavado es como terrible, al día siguiente es más manejable, peinable y menos de puta loca de los gatos desequilibrada mental. Es más, hasta los peluqueros te piden que no vayas con el pelo recién lavado si van a hacerte un peinado.
  • Las partidas de cartas. Cuando conoces a alguien y juegas a las cartas con él, la primera vez tiende a ser un auténtico desastre. La segunda vez que juguéis a las cartas será mucho mejor.
  • La pizza. Oh, vamos, puede que la pizza recién hecha sepa a gloria bendita; pero, ¿qué me decís de la sensación orgásmica que corre por nuestras venas cuando desayunamos ese trozo de pizza frío de la noche anterior?
  • Cualquier cosa nueva que compres. Cuando la compras es genial, pero es aún más genial cuando te despiertas y sigue ahí, en tu mesita. ¿Cuántas veces habré soñado que tenía un móvil que no se me apagaba solo tres veces al día? Era genial, yo, con mi móvil que no se me apagaba cada vez que me llamaban mientras usaba Whatsapp. Pero todo se desvanecía con el sonido de la alarma de mi viejo, zarrapastroso y mierdoso teléfono. Pues eso, el otro día me compré un móvil nuevo y todo ese día estuvo muy pepi, pero cuando sonó la alarma y lo miré, ahí, tan blanco, hasta me saltó una lagrimita tímida.
  • Los viajes. El primer día es genial, porque es el día que llegas, pero también es el día del viaje. Cuando acabas de bajarte de un tren/avión/bus todo es difuso, borroso y un poquito una mierda menos enjoyable. El segundo día, cuando ya has descansado (normalmente poco) y sabes que no tienes que subirte a un medio de transporte, todo es mucho mejor.
Viajar es muy cansado, no importa cuán glamourosa seas.

Viajar es muy cansado, no importa cuán glamourosa seas.

  • El arroz con leche. El espesor y la temperatura que adquiere al día siguiente de prepararse es inigualable, orgásmico, una experiencia religiosa.

Y, bueno, supongo que hay un sinfín de cosas que son mejores el segundo día que el primero, pero en los dos minutos que dura mi limpieza bucal matutina no me dio tiempo a pensar en más. De todos modos, también se me han ocurrido un par de cosas que son mucho peores el segundo día:

  • Cualquier alimento de McDonald’s. La comida de McDonald’s se convierte en cartón a las dos horas de su compra.
  • Las empanadas del Mercadona una vez abierto el paquete.
  • El eyeliner. Me acuesto pareciendo una princesita (salvando las distancias) y me levanto pareciendo Effy Stonem en sus mejores momentos after-party. Sí, no creo en eso de desmaquillarse antes de acostarse, es de pobres.
  • Tus tweets de borrachera. En el momento en el que escribes “la fieata edtá miy diceetifa” te parece que eres la leche, pero cuando al día siguiente, nada más levantarte, con esa boca seca y pastosa y esos ojos ardientes, agarras el móvil para mirar si aún es por la mañana o ya has pasado las 3 de la tarde y dices “¡anda, voy a mirar mi twitter!” y ves tus tweets de oligofrénico diagnosticado, pues te sientes abochornado. Twitter de fiesta está prohibido para mí.

Vamos, que la afirmación “las segundas partes nunca fueron buenas” es tan falsa e incorrecta como la que he hecho yo en mi post de hoy de “las segundas partes siempre son mejores”, pero jamás reconoceré que el radicalismo no es el camino; así que las segundas partes siempre son mejores y punto y pelota.

Y, a ver, no quiero ser seca, pero yo creo que por hoy ya está bien, me gustaría poder comer muchos más kilos de sushi y yogur helado disfrutar de Barcelona tranquilamente. Con Dios.

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