Ojos que no ven… imaginación que vuela

Bueno, los que me sufran sigan en Twitter, saben más que de sobra que mi novio está de Erasmus, en Dinamarca. Uh, erasmus, orgasmus, cuernos, sodoma y gomorra, danesas, nórdicas buenorras. Que sí, que vale, que os den. Que os den, pero voy a escribir sobre ello.

Soy plenamente consciente de que las estadísticas juegan en mi contra y de la serie de factores que hacen de Dinamarca un país ideal para cometer adulterio:

  • Las mujeres danesas son las terceras más guapas del mundo según un estudio que me toca mucho los pies muy interesante.
  • Las mujeres danesas son las mujeres más liberales sexualmente del mundo según otro estudio que ya llega a tocarme los cojones también me resulta de lo más interesante.
  • Hace frío y el calor humano no deja de ser una opción atractiva para combatir las bajas temperaturas.
  • Comparte piso con una danesa (ver los dos primeros puntos).
  • Aunque la beca erasmus se dé para estudiar, no veo muchas fotos de mi novio con libros en la mano. Sólo sujeta botellas de cerveza. No merece las gafas de pasta que porta con tanto estilo.
  • Le gusta hacerse fotos muy geniales que a mí me tocan las narices el alma.
  • Haber sido colaboradora de ESN no ayuda demasiado, he visto fiestas erasmus, las he organizado, sé lo que hay.

¿Qué he hecho yo para dejar de pensar en la infidelidad?

  • Apuntarme al gimnasio. Sí, puede parecer ridículo, pero creédme, cuando tengo agujetas no puedo acordarme de Héctor, porque me pongo a llorar y me duele el abdomen. Entonces entro en un bucle infinito de muecas, dolor, lloros, más dolor y más muecas.
Gym

Yo en el gimnasio, esta mañana, agujetas

  • También lo he borrado de Facebook. ¿Por qué? Porque así no veo las fotos tan preciosas que suben sus amigas. Y, ojos que no ven, corazón que no siente. El problema es que tengo una imaginación desbordante y ahora no paro de dar por hecho que su muro de Facebook está lleno de fotos de él bebiendo chupitos directamente del vientre plano de una rubia despampanante.
  • Y, bueno, otras vías de escape que he descubierto para no dejar volar mi imaginación son: Las patatas bravas, los cereales rellenos de leche de Mercadona, los nachos y las palomitas. Y el vino. Sobre todo el vino.

Bueno, que no quiero pensar. Me voy. Pero amenazo con volver. Con Dios.

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