No sé qué es el insomnio pero no puedo dormir

Barcelona, 5:52am

¿Buenas noches? ¿Buenos días? Creo que estar de vacaciones no me está sentando demasiado bien; mis horarios de sueño están totalmente destrozados, trastocados, enrevesados. Patas arriba. Sé cómo empezó; y, claro, una noche durmiendo al revés ya hace que las demás noches de insomnio se sucedan.

Os suplico que seáis benévolos conmigo hoy y cada vez que por aburrimiento infinito lleguéis a este post, no puedo prometer una redacción impecable, ni muchísimo menos. Creo que mi entrada de hoy es más una especie de monólogo interno que os estoy transcribiendo aquí, como dando por hecho que os importa lo más mínimo lo que se pueda pasar por mi cabeza en una noche de insomnio.

OJERAS

OJERAS

Recuerdo que el año pasado escribí un post en una de estas noches de vigilia, sobre los horóscopos. No os creáis que no pensé en actualizarlo, se pasó por mi cabeza. Pero tan pronto como mi cerebro barajó esa posibilidad, la desechó. Al menos de momento; no puedo prometer no terminar haciéndolo.

¿Que qué me he dedicado a hacer estas vacaciones de reloj interno totalmente roto? Gracias por vuestro interés, qué majos. Pues a ver… me he pasado las noches viendo películas, leyendo, tuiteando, escribiendo posts (que programaba para parecer una persona normal), comiendo chocolate, recordando partidas de cartas, qué narices, también jugando a las cartas, saliendo de fiesta, escuchando música, sintiéndome identificada con cada canción que escuchaba; fuera alegre, triste, melancólica, de fiesta… Incluso he pasado alguna noche de insomnio limpiando. Esas noches fueron las más tristes y productivas. Bueno, no, no las más productivas, if you know what I mean.

Pero vamos, que no os preocupéis, no es nada nuevo, mi insomnio se remonta a mi más tierna infancia; ya de pequeña tenía problemas de sueño. Simplemente las causas han ido cambiando a lo largo de mi vida; y seguirán haciéndolo, porque si hay algo que mola es que absolutamente todo me pueda quitar mis capacidad de tener un sueño largo y reparador. Aquí las tenéis:

  • Miedo a la oscuridad. Mi bisabuela me contaba historias súper turbias sobre cosas bastante perturbadoras (de nada por la redundancia) que me dejaban un poco temblando.
  • Mudanza. No sólo cambié de casa, sino también de ciudad, colegio, amigos e incluso personas con las que vivía; y, claro, me tuve que adaptar, esto con ocho años tiene su cosa.
  • Pokémon. En cuanto me regalaron la Game Boy Color con el juego de Pokémon Rojo (mira que fui pesada con que quería el azul porque tenía a Meowth) empecé una larga temporada de insomnio gamer.
  • Leer sobre el Universo. A los 10 me dio por ponerme a leer sobre el Universo y los putos meteoritos, agujeros negros y todas esas cosas que terminarían con nuestra vida en un abrir y cerrar de ojos. Así que directamente opté por no cerrarlos.
  • Hipocondria. Podemos decir que ésta ha sido la causa que me ha acompañado a lo largo de más tiempo.
    • A los ocho años, supongo que con la mudanza, me dio por pensar que tenía absolutamente de todo.
    • A los 12 años, me dio por pensar que tenía absolutamente de todo.
    • A los 13 años, supongo que porque mi bisabuela estaba muy enferma, me dio por pensar que tenía absolutamente de todo.
    • A los 15 años, debido a lo enganchada que estaba a la serie “House”, pasé una temporada en la que tuve absolutamente todas las enfermedades existentes.
    • A los 16 años, coincidiendo con la mononucleosis que sufrí pensando que se trataba de un cáncer en el sistema linfático, pasé un verano entero sin dormir y amargando al pobre de mi primer novio. Menudo bendito. Luego también amargué a mi madre; que, como ex-hipocondríaca (o persona con hipocondria latente), me dijo “AL MÉDICO YA”.
    • A los 17 años, me dio por pensar que tenía un bulto en la cabeza y atormentar de nuevo al pobre bendito de mi primer novio, que no sé cómo no me dejó por loca.
    • A los 17 y medio, debido a desajustes típicos de la edad, me dio por pensar que tenía cáncer ahí abajo (la película de “Mi vida sin mí” tampoco ayudaba mucho).
    • A los 19 años, debido a una nueva mudanza y cambio radical en mi vida, y a que cada vez que me tumbaba boca abajo me dolían las tetas, me dio por pensar que tenía un cáncer de mama. Mi pobre ex (no el primero, pobre, ése ya había pasado por bastantes) se dedicó a decirme que estaba como una puta cabra para tranquilizarme. Y terminó funcionando. Eso y que sigo viva.
  • Una familia digna de novela de Stephen King. Sobre mi querida familia habéis tenido referencias, pero me temo que no hablaré nunca de ella directamente. Es mi gran trauma (para muestra, la primera causa de mi insomnio) y mi gran baza. Me haré rica algún día escribiendo una novela en la que la describa tal cual cambiándoles los nombres. Menos por mi madre y mi hermana, que son “normales” y las quiero y esas cosas.
  • Y luego ya están las causas menores:
    • Salir de fiesta, que te trastoca el sueño un par de días
    • Las épocas de exámenes en la universidad.
    • El verano, que te jode todo septiembre.
    • Los barullos amorosos.
6:24am. Sigo sin sueño.

Ya he terminado con las causas de mi insomnio. La única tirita anti-insomnio que he encontrado hasta ahora es la de pasar una noche totalmente en vela para la noche siguiente estar zombie total. Lo demás es un fracaso: ni jugar al solitario, ni ver pelis de Haneke, ni leer el Marca.

Y ya está bien por hoy, por supuesto, esto no quiere decir que ahora vaya a dormir. Espero volver pronto con más basurilla. Con Dios.

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