50 sombras de me tenéis hasta el pussy

Mirad que no me gusta criticar pero voy a tener que hacerlo… Voy a dar mi más sincera opinión acerca de la trilogía de 50 sombras. Lo siento mucho, podéis parar de leer ya si queréis.

Empiezo con la conclusión, porque soy muy así, muy de explicar las cosas in extrema res:

Con libros como este, no me extraña que aún exista el machismo.

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¿Por qué? Empecemos por el hecho de que la autora en si es machista. El libro se basa en el valor cristiano de la pureza. Christian se enamora de Anastasia porque ésta es virgen. Él se la ha metido por detrás a media población femenina de Seattle mientras las azotaba con látigos de cinco puntas; pero esas mujeres no eran dignas de su amor, más que nada porque ya habían tenido otros penes dentro antes; y claro, joder, qué asco. El clásico “si un tío se tira a muchas tías es el puto amo; pero si una tía se acuesta con muchos tíos es una puta. A secas, sin “ama” detrás”.

No me quiero poner cruel de más, pero imagino que la autora necesita pensar así para no colgarse de un guindo; porque… bueno… no quiero ser mala PERO.

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Creo que E.L. James refuerza mi teoría de que las chicas que se comían los mocos con patatas en el instituto, babeando por tíos que pasaban de ellas tres pueblos y medio, se convierten en escritoras de libros protagonizados por una tía de lo más insulsa de la que se enamoran un vampiro, un hombre-lobo, un sheck, un medio dragón y un sádico CEO. Pero esto son ejemplos al azar, ¿eh? Nada basado en obras reales.

Mujeres frustradas de ayer, escritoras mediocres de mañana

También creo que E.L. James se leyó cuatro obras míticas de la literatura británica de ésas que te hacen leer en la universidad (como por ejemplo la mencionada así por encima, dos o tres putas millones de veces, Tess of the d’Urbervilles: A Pure Woman Faithfully Presented); absorbió un poco a grandes rasgos las cuatro figuras literarias más evidentes, pero sin enterarse mucho de qué iba el rollo tampoco; y las vomitó en el ordenador. Y de ahí salieron recursos repetitivos como la puñetera inner goddess. O el cansino “Oh my…”, que bien podría haberse traducido como “ay omá”, que más o menos es lo que intenta decir nuestra fina princesita Anastasia.

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Pero aún no hemos entrado en el tema que nos interesa: el BDSM. Aquí el señor Grey practica BDSM, le gusta. Hasta aquí bien. Se lo dice a ella, firman el contrato y todo en orden, vale. ¿Que ella quiere hacer ver como que no le apetece una mierda pero en el fondo se muere porque Christian la ponga mirando pa’ Cuenca porque cree que el BDSM consiste en dar cuatro azotitos acompañados de un “eres una putita muy guarra, mira qué fuerte te follo”? También bien, vale. ¿Que todos nos imaginamos su cara de espanto cuando ve la red room of pain? Vale sí, pero ella acepta, y es lo que hay. Lo que no es BDSM es el hecho de que Christian utilice el sexo como forma de castigar a Anastasia, eso es sadismo, un problema que debería tratarse en el psicólogo (como mínimo). Y aquí ya os pongo el libro tal cual, para que lo veáis claramente:

He hits me again… this is getting harder to take. My face hurts, it’s screwed up so tight. He strokes me gently and then the blow comes. I cry out again. “No one to hear you, baby, just me.” And he hits me again and again. From somewhere deep inside, I want to beg him to stop. But I don’t. I don’t want to give him the satisfaction. He continues the unrelenting rhythm. I cry out six more times. Eighteen slaps in total.

Quiero dejar claro que esto ocurre antes de que ella firme ningún contrato, y sin su consentimiento. Causa de los 18 golpes: mirarle con desdén. Ay, es que Anastasia, desde luego…

Sobra decir que los que practican BDSM lo hacen porque les resulta placentero, y lo practican con personas que también disfrutan con ello. Francamente, si a mi novio se le ocurriera ponerme a cuatro patas después de una discusión, le tiraría las maletas por la ventana. Pero el pobre Christian tiene traumas infantiles. He is 50 shades of fucked-up, así que hay que permitírselo todo. Hay que poner la otra mejilla.

Ejemplo de mujer que se engancha a 50 sombras de Grey:

Conchi lleva 25 años casada con su marido, se casó a los 18 porque se quedó embarazada de penalti de su primera hija, Jessica. No sabe lo que es un orgasmo. En los inicios de la relación tenían sexo a diario y varias veces, pero Manolo, su marido, nunca fue muy ducho en esto de meterla con ritmo.

Conchi, que nunca había tenido un orgasmo y no sabía lo que se perdía, optó por fingir, que no es difícil, y así Manolo termina antes, que hay mucho que hacer.

25 años más tarde, Conchi nunca quiere sexo. Tampoco le ha dado por tocarse, así que no sabe mucho de qué va el asunto. Su amiga Juani le recomienda el libro mientras hacen cola en el Mercadona. Qué picaronas. Conchi le coge el libro a su hija Jessica, que lo está leyendo también.

Conchi flipa en colores. Siente cosquillitas en el chichi mientras lee el libro. Quiere un Christian Grey que se la meta con un poco de bravura, no como Manolo, que se queda sin respiración a la tercera embestida arrítmica. Conchi decide tocarse un poco, por probar. A los 43 años tiene su primer orgasmo y una revelación, todo al mismo tiempo: necesita abandonar la postura del misionero, así que se dirige a un Sex Shop con su amiga Juani para comprar unas esposas y un conjunto de lencería de látex. Decide probar a jugar un poco con nata, porque la compró el otro día para ponerla en el flan y si no la usa se le va a poner mala.

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Cuando Manolo llega a casa de echar la partida en el bar, se encuentra a Conchi con el conjunto de látex rojo putón, las esposas colgando de la boca y nata en los pezones; mientras le dice, así con dificultad, por las esposas- Ven aquí Manolo, dame lo mío.

Prueban el perrito y Conchi le dice “Manolo, dime cochinadas”; a lo que un confundido Manolo contesta “cacho cerda”, refiriéndose más a la nata que está cayendo en el colchón que al acto erótico-festivo en si. Conchi está viviendo su sueño, hasta que la realidad le cae como una pesada losa. A Manolo se le sale cada dos por tres, porque su pene no da para hacer la postura del perrito. Sus tetas no cuelgan de manera sensual, sino más bien como dos hocicos de ratilla. La nata hace que Manolo esté más arrítmico que de costumbre, ya que se le resbalan las manos en el tanga de látex. Y bueno, que lo de los orgasmos es algo que hay que trabajar, no sale a la primera, por mucho que te digan cochinadas te apetezca que así sea.

Al final Conchi se queda como estaba, solo que un poco peor, porque ha descubierto que los orgasmos existen y molan cantidad, pero que su Manolo no se los da. Aunque bueno, siempre le quedará la mano. Gracias E.L. James. GRACIAS POR NADA. Piensa Conchi mientras rompe el libro llorando.

Y bueno, eso. Que con Dios.

Un comentario en “50 sombras de me tenéis hasta el pussy

  1. “de la que se enamoran un vampiro, un hombre-lobo, un sheck, un medio dragón y un sádico CEO. Pero esto son ejemplos al azar, ¿eh? Nada basado en obras reales.”

    Me hago fan XD (de ti y de tu blog, y de ese párrafo y esa frase en concreto). Mis contactos del Facebook estarán hasta el copete de que comparta artículos y opiniones poniendo el libro a caer de un burro, pero el tuyo lo merece, jajajaja.

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