Qué busco. Qué quiero.

Me considero una persona independiente. Caóticamente independiente. Y esto ha causado muchos quebraderos de cabeza. A mí, y a otra gente. No sé gestionar mis sentimientos. Lo busco, lo quiero. A menudo lo consigo. Y cuando lo hago, ni lo busco, ni lo quiero. Me explico. Me gusta mucho jugar a las cartas. ¿Por qué? Porque me da lo que busco, lo que quiero.

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Para mí, jugar a las cartas con alguien es una historia de amor de bolsillo. Una noche intensa, preciosa, íntima. Una noche en la que, sin hablar, lo das todo. Miradas profundas, agotadas, perdidas, exhaustas. Respiración fuerte, inhalar su aliento, exhalar placer. Caricias que buscan arañar. Agarrar y que te agarren como si no fueran a dejarte ir jamás. Pasión y deseo tan intensos que solo pueden durar unas horas.

He tenido relaciones largas, y hasta creí estar enamorada. Pero estas cosas solo las ves con el paso del tiempo; y, al parecer, solo tenía historias de amor de bolsillo con la misma persona, de manera continuada. Hasta que llegaba un momento en el que quería cambiar de libro, porque ese no daba para más. Porque de repente, las historias de amor estaban más separados entre si, hasta llegar al punto de tener un libro lleno de discusiones, de rutina. Siempre igual. Unos meses bien, y luego el hastío, el aguantar por inercia, porque “no se puede tirar la toalla tan rápido”, ¿no? Un poco como una droga, al principio el efecto de las historias de amor era lo suficientemente fuerte como para tapar los momentos vacíos; pero vas creando tolerancia, y cada vez necesitas dosis más grandes de pasión para que los momentos de intimidad eclipsen al resto. Y a veces me pregunto si toda mi vida seré así. Si siempre me cansaré y nunca podré llegar a nada serio. Si siempre perderé el interés, si siempre aparecerá otra persona que me dé lo que busco, lo que quiero, y me haga dejarlo todo atrás. Me pregunto cómo es posible que haya parejas que llevan 3, 5, 10 ó 20 años juntas; y si el fallo es mío. Si vengo con un defecto de fábrica.

¿Y qué busco? Admirar, y que me admiren. Respetar, y que me respeten. Buscar, y que me busquen. Querer, y que me quieran. Desear, y que me deseen. Sorprender, y que me sorprendan. Hacer reír, y que me hagan reír. Besar, y que me besen. Valorar, y que me valoren. Interesarme por sus vidas, y que se interesen por la mía. Acordarme de sus problemas, y que se acuerden de los míos. No necesitar, y que no me necesiten. Porque, si no hay equilibrio, querré sin tener lo que realmente busco. O no querré; y seguiré, sin darme cuenta, buscando.

¿Qué busco? Nada. ¿Qué quiero? Todo.

2 comentarios en “Qué busco. Qué quiero.

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