Vivir da agujetas

Vivir cansa, duele, da agujetas, flato. Pero también tonifica, endurece, te hace fuerte. Como te pasa con el gym, a veces te despiertas sin ganas de vivir. Y otras, con ganas de comerte el mundo y quemar la máquina elíptica.

A lo largo de nuestras vidas, nos encontramos con momentos que preferiríamos no tener que vivir. Pero son precisamente esos momentos los que nos convierten en quienes somos. Esas clases de Cross-fit que habrías preferido saltarte, o de las que, en un caso más extremo, te habrías desapuntado para siempre. Esas mismas clases de Cross-fit que, una vez sufridas, te han hecho sentirte fuerte, capaz de comerte el mundo.

Por supuesto, no voy al gym; pero a lo largo de mi vida, como todos, me he encontrado con pruebas más o menos duras, que entenderéis más o menos. Y son precisamente esas pruebas las que me han hecho fuerte para enfrentarme a ciertas cosas, como irme de casa con 20 años, y dejar todo atrás: dejar atrás mis problemas, claro, pero también a mis amigos más cercanos. Sin dudar ni un segundo; sin más dinero que los 150€ de los que disponía en ese momento. En su momento me dio miedo; pero, a día de hoy, estoy segura de que esa ha sido la mejor decisión que he tomado nunca.

El problema es que las cosas no siempre se ven tan claras

Ni desde una perspectiva tan alejada y “estable”. A veces, sientes que tu propia vida se te escapa entre los dedos de tus manos. Piensas que has perdido el control de ti mismo –porque, en parte, así es –, y solo piensas en rendirte; porque, desde donde estás, no ves luz. Estuve ahí. En lo más profundo de ese océano de incertidumbre, de miedos y de falta de control. Me planteé cosas que ahora mismo me parecen espeluznantes. No puedo estar más feliz de no haberme dejado arrastrar del todo por mi depresión. Principalmente, porque soy consciente de que pudo haber pasado, de que cualquier pequeño detalle pudo haber hecho que me desapuntara del gym. Para mí, recordar esa etapa de mi vida es algo así como cuando tropiezas y, aunque al final no te caes, no puedes evitar visualizar la hostia. Esa hostia que has evitado no solo por no ser tan torpe, sino porque también el contexto te fue propicio.

Los que me conocen saben que soy una persona alegre; me encanta hacer el payaso, hacer reír a quienes están a mi alrededor. Estar rodeada de mis amigos me da energía. Cuando tienes depresión, tú sola te alejas, porque estar sola en tu habitación, retroalimentando tu propia tristeza, te parece la mejor manera de pasar el rato. En mi caso, porque me daba vergüenza y miedo compartir la causa de mi enfermedad; y porque, con cada “cómo vas a estar deprimida a tu edad” o cada “esto se te pasará saliendo y despejando la cabeza”, más cuenta me daba de que mi mejor compañía en ese momento era yo misma.

No quiero entrar en detalles sobre mi depresión

Porque no he venido aquí a hablar de mí, ni estoy preparada para hacerlo. Sí que quiero, sin embargo, decir –tal vez por mi propia tranquilidad –que, aunque durante ese período hice locuras, tonterías y me dejé llevar por mi necesidad de afecto, no me avergüenzo de mi actitud, ni juzgo a mi “yo” de aquel entonces.

Es más, si pudiera volver atrás y hablar con “ella”, solo diría que todo va a ir bien. Que hay salida. Que dentro de 4 años mirará atrás, y sentirá lo que hoy siento yo: calma y ninguna necesidad de escapar.

¿Por qué cuento ahora todo esto?

Me estoy abriendo como nunca, y me cuesta muchísimo. Pero, por desgracia, este año he perdido a alguien con quien sentía una conexión muy especial. Una conexión que comenzó por internet, de casualidad, que continuó durante muchos años; y que significó mucho para mí.

Siempre duele perder a un amigo.

Pero duele aún más cuando, por primera vez en mi vida, he escuchando los miedos y los auténticos motivos de la tristeza de alguien y los he entendido sin dificultad, porque tenían la misma fuente que los míos. Duele perder a una amiga a la que quieres, duele perder a una amiga que un día fue fuerte, pero ha ido perdiendo su energía poco a poco. Duele perder a una amiga que tenía tanto que dar, tan inteligente, tan diferente y especial. Duele muchísimo perder a una amiga cuando sabías que estaba mal. Y duele muchísimo pensar que ella no era consciente de toda la gente de su alrededor que la quería y valoraba.

Me habría gustado pasar más tiempo con ella. Ya fuera hablando de cosas buenas, de cosas malas, o de cosas que no le importan a casi nadie. De David Lynch, de los idiotas que hay en Twitter, del amor, del desamor, de lo mal que está la situación en España para los jóvenes, de nuestras madres, de nuestras mierdas, de nuestras maneras de afrontarlas, de gatos, o de cómo las adolescentes de hoy en día saben maquillarse mejor que nosotras…

Te echo de menos

Echo de menos tus tweets random, tus obsesiones con series, tus enamoramientos reales por personajes ficticios, tu intensidad, tu manera de hablar, de reír. Tu pelo chillón. Tu mirada, tan llena de emociones, que parecía estar vacía. Tu sonrisa, tu sentido del humor.

Mi amiga tenía demasiadas agujetas, y no pudo seguir corriendo. Pero siempre correrá conmigo. Y yo siempre correré, pase lo que pase, y me sienta como me sienta, un poco por ella.

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