Starving economies: cuando crees que el amor es finito

Y con finito no quiero decir “fino”, sino “limitado”

Por el amor de Dios

Estoy leyendo un libro llamado The Ethical Slut en el que se dicen muchas cosas interesantes. Algunas las encuentro muy ciertas; y otras, un poco meh. Pero ha habido un concepto que me ha llamado mucho la atención: el de “starving economies”.

starving economies

Resulta que hay gente que cree que el amor es limitado. Pongo un ejemplo:

Un padre tiene dos hijos. Para un hijo que cree que el amor es limitado, su padre tiene una cantidad de amor determinada que llamaremos A. Por lo tanto, si quiere a uno de sus hijos una cantidad X, el otro recibirá A-X.

Yo misma he sido así. Yo misma he pensado que el amor era limitado. Cuando era niña, pensaba que tenía que ser la mejor para que mis padres me quisieran –o mostraran afecto –, que tenía que ser perfecta: inteligente, callada, adorable, cariñosa, sumisa… Y, la verdad, ni con esas.

¿Qué pasa cuando crees esto? A corto plazo, que empiezas a creer que el amor de tu padre/madre es un premio por el que tienes que luchar. A largo plazo, que crees que todas las relaciones son así: ya sean de amistad, de pareja, laborales, o de lo que sea, como si son entre gato, dueño y lata de atún.

Y bueno, eso te convierte en alguien posesivo, inseguro, celoso y, en general, bastante tóxicoGracias a Dios, pasé la infancia y dejé atrás esa manera de entender el amor. Sin tan siquiera saber que mi manera de entender las relaciones interpersonales tenía un nombre. Sin tan siquiera saber que mi manera de entender las relaciones estaba fuera de lo normal.

El problema es que no todos los niños que entienden el amor de esta manera crecen dejando atrás esta starving economy. A lo largo de mi vida adulta, me he encontrado con personas que seguían viendo el amor, la amistad o el afecto en cualquiera de sus formas, como algo finito. Parejas, amigos, compañeros de trabajo…

Y no quiero ser yo la que venga aquí a cambiar la vida de nadie con la siguiente afirmación, pero espero que sirva de algo: el amor es infinito. Querer a Pepita no hará que quiera menos a Manolita.

Hay amor para todos, si os portáis bien.

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