Así no, bicho

Así como hay cosas que nos ponen a mil, hay otras que nos bajan la libido hasta dejarla por por los suelos. Tan es así que he acudido a amigos y conocidos para hacer un estudio profundo y exhaustivo (jiji) acerca de aquellas cosas que no pueden soportar en la cama.

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Efectivamente, a continuación viene una lista, que ya sabéis que me encantan. Sigue leyendo

Tipos de gente que odio: Gym Edition

Doe va al gym y sufre mogollón

Aprende matemáticas con Pipo no es nada comparado con lo que viene ahora. Yo, mundialmente conocida por mi habilidad de desplazarme de un plano horizontal -la cama -, a otro -el sofá -, sin necesidad de incorporarme, me he apuntado al gym.

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Diréis “esto ya nos lo sabemos, no es la primera vez”, y tenéis razón, no lo es. La diferencia entre esta vez y las mil veces anteriores es que ahora voy. Es más, he esperado tres meses a escribir esta entrada para que vierais que la cosa iba en serio. Sigue leyendo

50 sombras de me tenéis hasta el pussy

Mirad que no me gusta criticar pero voy a tener que hacerlo… Voy a dar mi más sincera opinión acerca de la trilogía de 50 sombras. Lo siento mucho, podéis parar de leer ya si queréis.

Empiezo con la conclusión, porque soy muy así, muy de explicar las cosas in extrema res:

Con libros como este, no me extraña que aún exista el machismo.

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¿Por qué? Empecemos por el hecho de que la autora en si es machista. El libro se basa en el valor cristiano de la pureza. Christian se enamora de Anastasia porque ésta es virgen. Él se la ha metido por detrás a media población femenina de Seattle mientras las azotaba con látigos de cinco puntas; pero esas mujeres no eran dignas de su amor, más que nada porque ya habían tenido otros penes dentro antes; y claro, joder, qué asco. El clásico “si un tío se tira a muchas tías es el puto amo; pero si una tía se acuesta con muchos tíos es una puta. A secas, sin “ama” detrás”. Sigue leyendo

Tipos de gente que odio IV

No sé si lo recordáis; pero, hace tiempo ya, escribí un par (tres) de posts acerca de los tipos de gente que no me gustaban. Por si acaso no los habéis leído, o no los recordáis, aquí los tenéis:

Tipos de gente que odio. Tipos de gente que odio II. Tipos de gente que odio III.

Pues bien, olvidé un tipo, más que nada porque en Asturias la gente así no abunda; y, en Valencia, lo creáis o no, tampoco, al menos no en los círculos de putos vagos sedentarios selectos en los que yo me movía.

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Una vez llegué a Barcelona los conocí. Esa gente. Esos seres de otro planeta disfrazados de personas: las personas a las que les gusta hacer deporte y predican sus beneficios por todas partes. Sigue leyendo

No, ¿no? ¿Sí? ¿Tú crees?

Hola a todos. Vuelvo tarde, pero vuelvo, y con el dominio saradoe.me renovado, todito para mí durante un año más. Y con qué vuelvo, os preguntaréis. Vuelvo con morralla chunga. Mazo chunga troncos, vuelvo con una pregunta chula: ¿Qué es el amor? ¿Se come? ¿Lo puedes tocar? En teoría tiene olor, porque mucha gente dice que apesta, ¿no?

He visto muchas películas en las que hablan de él; y suena muy genial. Pero, ¿realmente se vive? Yo creo que nos la han colado un poco. No entiendo qué es el amor, de verdad. Me acabo de quedar tontísima mirando a la pantalla intentando describirlo de alguna manera; pero por lo que sale en la tele parece que es como depender mucho de otra persona, ¿no? O sea, cuando quieres a alguien, esa persona puede hacerte muy feliz; pero también puede hacerte mucho daño. Mucha gente puede hacernos felices, y mucha gente puede hacernos daño; pero se supone que si quieres a alguien, te has entregado más de la cuenta, así que o sea, como que todo se magnifica. Pues qué tontería. Sigue leyendo

No sé qué es el insomnio pero no puedo dormir

Barcelona, 5:52am

¿Buenas noches? ¿Buenos días? Creo que estar de vacaciones no me está sentando demasiado bien; mis horarios de sueño están totalmente destrozados, trastocados, enrevesados. Patas arriba. Sé cómo empezó; y, claro, una noche durmiendo al revés ya hace que las demás noches de insomnio se sucedan.

Os suplico que seáis benévolos conmigo hoy y cada vez que por aburrimiento infinito lleguéis a este post, no puedo prometer una redacción impecable, ni muchísimo menos. Creo que mi entrada de hoy es más una especie de monólogo interno que os estoy transcribiendo aquí, como dando por hecho que os importa lo más mínimo lo que se pueda pasar por mi cabeza en una noche de insomnio.

OJERAS

OJERAS

Recuerdo que el año pasado escribí un post en una de estas noches de vigilia, sobre los horóscopos. No os creáis que no pensé en actualizarlo, se pasó por mi cabeza. Pero tan pronto como mi cerebro barajó esa posibilidad, la desechó. Al menos de momento; no puedo prometer no terminar haciéndolo.

¿Que qué me he dedicado a hacer estas vacaciones de reloj interno totalmente roto? Gracias por vuestro interés, qué majos. Pues a ver… me he pasado las noches viendo películas, leyendo, tuiteando, escribiendo posts (que programaba para parecer una persona normal), comiendo chocolate, recordando partidas de cartas, qué narices, también jugando a las cartas, saliendo de fiesta, escuchando música, sintiéndome identificada con cada canción que escuchaba; fuera alegre, triste, melancólica, de fiesta… Incluso he pasado alguna noche de insomnio limpiando. Esas noches fueron las más tristes y productivas. Bueno, no, no las más productivas, if you know what I mean.

Pero vamos, que no os preocupéis, no es nada nuevo, mi insomnio se remonta a mi más tierna infancia; ya de pequeña tenía problemas de sueño. Simplemente las causas han ido cambiando a lo largo de mi vida; y seguirán haciéndolo, porque si hay algo que mola es que absolutamente todo me pueda quitar mis capacidad de tener un sueño largo y reparador. Aquí las tenéis:

  • Miedo a la oscuridad. Mi bisabuela me contaba historias súper turbias sobre cosas bastante perturbadoras (de nada por la redundancia) que me dejaban un poco temblando.
  • Mudanza. No sólo cambié de casa, sino también de ciudad, colegio, amigos e incluso personas con las que vivía; y, claro, me tuve que adaptar, esto con ocho años tiene su cosa.
  • Pokémon. En cuanto me regalaron la Game Boy Color con el juego de Pokémon Rojo (mira que fui pesada con que quería el azul porque tenía a Meowth) empecé una larga temporada de insomnio gamer.
  • Leer sobre el Universo. A los 10 me dio por ponerme a leer sobre el Universo y los putos meteoritos, agujeros negros y todas esas cosas que terminarían con nuestra vida en un abrir y cerrar de ojos. Así que directamente opté por no cerrarlos.
  • Hipocondria. Podemos decir que ésta ha sido la causa que me ha acompañado a lo largo de más tiempo.
    • A los ocho años, supongo que con la mudanza, me dio por pensar que tenía absolutamente de todo.
    • A los 12 años, me dio por pensar que tenía absolutamente de todo.
    • A los 13 años, supongo que porque mi bisabuela estaba muy enferma, me dio por pensar que tenía absolutamente de todo.
    • A los 15 años, debido a lo enganchada que estaba a la serie “House”, pasé una temporada en la que tuve absolutamente todas las enfermedades existentes.
    • A los 16 años, coincidiendo con la mononucleosis que sufrí pensando que se trataba de un cáncer en el sistema linfático, pasé un verano entero sin dormir y amargando al pobre de mi primer novio. Menudo bendito. Luego también amargué a mi madre; que, como ex-hipocondríaca (o persona con hipocondria latente), me dijo “AL MÉDICO YA”.
    • A los 17 años, me dio por pensar que tenía un bulto en la cabeza y atormentar de nuevo al pobre bendito de mi primer novio, que no sé cómo no me dejó por loca.
    • A los 17 y medio, debido a desajustes típicos de la edad, me dio por pensar que tenía cáncer ahí abajo (la película de “Mi vida sin mí” tampoco ayudaba mucho).
    • A los 19 años, debido a una nueva mudanza y cambio radical en mi vida, y a que cada vez que me tumbaba boca abajo me dolían las tetas, me dio por pensar que tenía un cáncer de mama. Mi pobre ex (no el primero, pobre, ése ya había pasado por bastantes) se dedicó a decirme que estaba como una puta cabra para tranquilizarme. Y terminó funcionando. Eso y que sigo viva.
  • Una familia digna de novela de Stephen King. Sobre mi querida familia habéis tenido referencias, pero me temo que no hablaré nunca de ella directamente. Es mi gran trauma (para muestra, la primera causa de mi insomnio) y mi gran baza. Me haré rica algún día escribiendo una novela en la que la describa tal cual cambiándoles los nombres. Menos por mi madre y mi hermana, que son “normales” y las quiero y esas cosas.
  • Y luego ya están las causas menores:
    • Salir de fiesta, que te trastoca el sueño un par de días
    • Las épocas de exámenes en la universidad.
    • El verano, que te jode todo septiembre.
    • Los barullos amorosos.
6:24am. Sigo sin sueño.

Ya he terminado con las causas de mi insomnio. La única tirita anti-insomnio que he encontrado hasta ahora es la de pasar una noche totalmente en vela para la noche siguiente estar zombie total. Lo demás es un fracaso: ni jugar al solitario, ni ver pelis de Haneke, ni leer el Marca.

Y ya está bien por hoy, por supuesto, esto no quiere decir que ahora vaya a dormir. Espero volver pronto con más basurilla. Con Dios.

Omitir o mentir. ¿Omentir?

Hola de nuevo. Aquí estoy otra vez, escribiendo sin ningún tipo de objetividad emocional y hormonal; como todas las mujeres, cada día. Hoy voy a escribir sobre algo que hemos hecho todos alguna vez: omitir la verdad; o, al menos, parte de ella.

Bueno, no quiero decir todos, igual un 10% de los que lean esto nunca se han callado un pequeñito detalle por miedo a que, el hecho de dar a conocer esa parte de ti, les cierre puertas. Si es así, felicito a ese porcentaje de lectores por su gilipollismo honestidad e integridad. Yo soy una mentirosa, bueno, no, una omisora. Si es que eso existe, y si no, me lo invento yo. Neologismo al canto.

Sunset

Yo por esta foto puedo ser una rubiaza espectacular, no te miento, te omito rasgos

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We Don’t Screw the Crew

Hola a todos, he vuelto para continuar con el post que empecé el otro día. Dije que en la siguiente entrada (o sea, ésta) hablaría sobre el refrán tabú, la expresión popular que más útil es en realidad y nos esconden vilmente: Donde tengas la olla no metas la polla pililita.

La pililita no

La pililita no

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Sabiduría popular

Escribí el viernes y aquí estoy de nuevo, un lunes por la mañana tras un intenso fin de semana en el que, sorprendentemente, sólo salí un día pero valió por un par. Ya os lo tengo dicho, no os acostumbréis a este imparable ritmo de composición creativa, porque no puedo prometer nada, a no ser que me echéis de menos lo suficiente como para regalarme un portátil y que pueda escribir.

A pies juntillas

A pies juntillas

Ahora ya a lo que voy, a la chicha, al post. Y esta vez lo voy a empezar de manera directa, como si no hubiera habido ninguna introducción previa. Atentos, ¿eh?

A veces nos reímos de los dichos de las abuelas, pero la verdad es que tienen mucha razón. Tienen un montón de frases prefabricadas con un 100% de fiabilidad. Frases que escuchas desde pequeño y se te graban a fuego en el subconsciente. Frases útiles. Frases que no olvidas y obedeces a pies juntillas (qué coño, qué sentido tiene eso).

Cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo. No sé cómo coño narices es un grajo, pero sé que si vuela bajo me voy a tener que poner el abrigo, la bufanda, los guantes, tres jerseys, pantalón y medias térmicas debajo.

No por mucho madrugar amanece más temprano. A pies juntillas (jijiji) sigo ésta. Es 100% viable, más de una vez he madrugado más de la cuenta y no amaneció antes. Y menudo aburrimiento.

Ni bebas agua que no veas, ni firmes cartas que no leas. Esta frase no es aplicable a los términos y condiciones que te cuelan en todas las redes sociales, las abuelas no tenían de eso. Pero si no lees tus cartas, te pasa lo que a mi querido amigo Villa, que ahora no sabe si tiene un 5 o un 10% de bonus anual.

Un clavo saca otro clavo. Esta frase es verdad. Triste pero cierta. Que nos lo digan a Laura y a mí. Aunque más bien son astillitas que clavos, lo que pasa es que en la juventud todo se magnifica, como que nos gusta sufrir, aunque sea para tener una excusa para comer helado mientras vemos una película de Leonardo DiCaprio.

Más vale el diablo por viejo que por diablo. No quiero llamar viejas ni a mi madre ni a mi tía. Pero la verdad es que tras mil veces de intentar pasarme de lista y salirme por la tangente y ser pillada igualmente, como que te das cuenta de que a más años, más difícil de engañar.

A cada cerdo le llega su San Martín. Esta frase es guay, porque sigue las leyes kármicas que a mí tanto me molan. Y me permite regocijarme en mi sofá pensando que, el que me ha jodido viva, va a sufrir las terribles consecuencias. Muy cómodo, muy lo que se lleva ahora.

Contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Esta frase me encanta, porque potencia la asertividad y el “pide pide, que yo haré lo que me salga de mis mismísimas narices”.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y esto se lo dedico a todas las ridículas que van de divinas. Ya está, ya me he desahogado. JODER, dejad de comprar ropa, no os queda bien. Si medís 1.30, unos Jeffrey Campbell de 20cm os van a hacer parecer Hobbits travestidos. Ahora sí, ahora ya sí que me he desahogado.

Del agua mansa me libre Dios, que de la brava me guardaré yo. Yo ésta la aplico a las mosquitas muertas. Las típicas chicas sonrientes que tienen toda la pinta de no haber roto un plato… de ésas me guardo yo.

Ojos que no ven, corazón que no siente. A mí ya me pueden poner los cuernos cien veces, que si no me entero, me la refanfinfla, me chupa un pie y me resbala. Eso sí, que me entere yo, que arde Troya, se esconden los jinetes del Apocalipsis y desafinan las trompetas del infierno.

Y un montón de frases más que me han servido de mucho a lo largo de la vida: Siempre cree el ladrón que todos son de su condición. A la puta y al barbero nadie los quiere viejos. Es de bien nacido ser agradecido. Ande yo caliente ríase la gente. En abril aguas mil (y mierda qué cierta es ésta). Quien se pica, ajos come. El que calla otorga. Obras son amores, que no buenas razones (esta frase la desenterró mi querida Laura, la liberó del ostracismo y la recuperó del olvido).

Pero siempre se les olvida una. Hay un refrán muy útil que nos censuran desde pequeños y que nos libraría de muchos disgustos. Una breve frase que, de tener clara desde niños, nos ahorraría quebraderos de cabeza. Una frase que hoy diré, pero en mi próximo post desarrollaré: Donde tengas la olla, no metas el as de bastos. Con Dios.

Trauma laboral

Hola a todos, sé que hace mil años que no escribo, es que he estado ocupadíiiiiiisima intentando tener un poco de vida social. Al final lo he conseguido, los nuevos de la empresa hemos creado una terrible alianza mortal de necesidad y nos damos cariño amor y compañía (pero sin jugar a las cartaslos amigos no juegan a las cartas).

Oktoberfest

Tatachán, ¡soy pelirroja

Pero hoy vengo aquí por otro motivo, sólo vengo para satisfacer las necesidades de un lector: Tronicus. Quiere saber qué hacer en un entorno laboral… incómodo. No es difícil hablar sobre eso, todos hemos estado incómodos en algún trabajo.

La incomodidad laboral de todos modos no siempre se debe a lo mismo, tiene muchas causas:

  • Competitividad estúpida.
  • Jerarquías tiránicas.
  • Sexismo.
  • Jefes que se extralimitan y se acuestan con empleadas (las jefas también, veeenga).
  • Rutina.
  • Sillas baratas.
  • Sueldo bajo.
  • Compañeros vagos que fingen hacer mucho.

El caso es que, por un motivo u otro, es bastante probable que terminemos sintiéndonos (o sentándonos) bastante a disgusto en nuestro trabajo y la única manera de llevar esto con cierta ligereza y buen humor no es otra que intentar que el trabajo sólo sea eso, trabajo. ¿De 9 a 18? Perfecto, a las 18:30 estoy en mi casa viendo una película, leyendo un libro, haciéndome el harakiri, lo que más rabia me dé. Desde luego comerse la cabeza y alimentar tu odio hacia el trabajo no es la solución.

Si dicha incomodidad está causada por algo realmente injusto (por ejemplo un sueldo nada acorde a tu trabajo), entonces sólo puedes quejarte, primero con educación y calma y luego ya con antorchas y aceite hirviendo. Vamos, reivindicar tus derechos y reclamar lo que es tuyo. Los líos de faldas que haya a tu alrededor pueden ser molestos, pero realmente las trepas no llegan lejos, escalan rápido y luego caen con la misma velocidad y se dan con toda la cara en el asfalto. Lo he visto.

Así que lo mejor es no pensar, salir del trabajo y disfrutar haciendo lo que te guste, porque si tu trabajo no es tu pasión, mejor que esté en un vigesimotercer plano :)

Fuck problems

Fxck problems