Qué he aprendido de mi primera vez enamorada

Si me has leído a lo largo de este último año, seguro que has visto que me he enamorado. Pero hasta las trancas. Qué bonito, ¿verdad?

Pues sí, a veces sí. Pero aquí la listilla que siempre escribe posts como si lo supiera todo la ha cagado. La ha cagado pero bien. Y no, no por haber hecho cosas con mala intención, ni por tratar mal a mi pareja (ahora ex-pareja), sino por ignorar luces rojas grandes como catedrales. Sigue leyendo

Relaciones puente

No voy a pedir perdón por no haber escrito porque directamente se me cae la cara de vergüenza por no postear ni una vez en prácticamente un mes (igual hasta hace más tiempo, francamente, ni lo he mirado). En mi defensa he de decir que es bastante difícil mantener un ritmo más o menos decente de publicaciones sin un ordenador.

Antes de empezar con la chicha, voy a hacer un breve resumen de lo que más o menos ha sido mi vida en el último mes: ALERGIA. He perdido cuatro de los cinco sentidos. No veo porque me lloran los ojos. No huelo porque tengo la nariz taponada. No noto los sabores porque tengo la nariz taponada. No oigo porque tengo alergia hasta en el cerebro. Lo único que me funciona es el tacto y, a este paso, probablemente pierda la sensibilidad en los dedos por eso de teclear sin parar ocho horas al día. Para nada soy dramática.

Tengo varios temas sobre los que quiero hablar; pero el otro día le dije a Ogrotrénico que contestaría a su pregunta como Dios manda, ya que me parecía bastante buena. Aunque, más que una pregunta, era una reflexión, o una afirmación sutil y educada; y, bueno, la verdad es que el chico tiene razón: Las relaciones puente son más bien cosa de chicas. Sigue leyendo

El drama nos vuelve ludópatas

Sé que llevo eones sin escribir, aún así seré breve en mi introducción, ha pasado algo maravilloso en mi vida, un punto de inflexión, un momento de los que marcan un antes y un después en la estancia en la Tierra de cualquier ser humano, tan importante que escribo sobre ello con la misma intensidad aún casi un mes después de que ocurriera: He conseguido comer las 12 uvas sin ahogarme. Puede que para vosotros sea normal, pero para mí es algo digno de compartir, es un motivo de orgullo. Aquéllos que me conozcan un poco en profundidad, sabrán que tengo tendencia a atragantarme hasta con mi propia saliva. Sigue leyendo

Limbo amoroso

Siglos ha que no escribo, más que nada porque no tengo ordenador (de momento), así que aprovecho que estoy en casa de Ángel para escribir como una auténtica pija. Lo primero que quiero decir es que soy oficialmente barcelonesa, le he pillado el gusto a los Gin&Tonics. Y a Marula, de hecho creo que deberían ponerle mi nombre a una baldosa o algo ya.

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Party hard

Ahora ya la chicha, el post de hoy, lo que es la parte jugosa. La entrada de hoy también es una sugerencia de Tronicus, y esta vez trata de lo siguiente: Qué hacer cuando estás bien y mal a la vez con tu pareja. Lo que yo llamo inercia amorosa, vamos.

No quiero entrar en el tema de que no creo en el amor, pero vamos, que ahí lo dejo. El caso es que la mayoría de la gente nos embarcamos en relaciones por razones que para nada son de peso: frivolidad, necesidad de cariño, inseguridad, soledad, atracción física y sexual… Y claro, estas relaciones dan para más bien poco. Las basadas en la amistad y todas esas milongas en teoría son las bonitas, el problema es que a mí no me nacen, un amigo es un amigo y punto (y así me va, de culo).

Pero empiece como empiece la relación, y probablemente si empieza sobre los sólidos cimientos de una amistad, va a terminar de la misma manera: con esa etapa de inercia en la que la relación se mantiene por diversos motivos:

  • No estar solo
  • No tener que volver a empezar desde cero con otra pareja
  • Miedo a enfrentarte a la reacción de tu pareja (la cual, en muchos casos, está pasando por el mismo trago)
  • Cosas en común. Y con cosas también me refiero a personas.

Es esa etapa en la que las mujeres dejamos de tener ganas de jugar a las cartas con nuestra pareja. Y en la que ambos estamos, pero por estar, ni bien ni mal, es una especie de limbo emocional. Apatía constante. ¿Quieres ir al cine? Vale (al menos así no tendremos que esforzarnos en hablar o en estar bien durante dos horas), me apetece. ¿Dónde cenamos? Donde quieras. ¿Pedimos por teléfono y lo tomamos en casa? Sí, mejor, no me apetece arreglarme. Cenar en silencio, lavarse los dientes uno junto al otro sin mirarse y hacer caras estúpidas. Darse la espalda en la cama. Levantarse cuando suena el despertador sin preocuparse porque él esté bien tapado.

No odias a la otra persona, simplemente cada vez te importa menos. Y cuanto menos te importa, más sientes que estás perdiendo el tiempo. Aún así sigues con ella porque recuerdas lo chachi pistachi que era todo al principio. Aunque bueno, de manera bastante más difusa que al principio.

¿Mi conclusión? Somos gilipollas un poco estúpidos. La vida es corta. ¿Merece la pena perder el tiempo en algo que se está agotando poco a poco? Soy fan incondicional de la eutanasia amorosa, del desamor asistido. Aunque haya practicado todo lo contrario hasta ahora.

Y podéis pensar que es triste, que hay que formar una familia y todas esas cosas. Que de mayor estaré sola y blablabla. Puede ser, soy muy frívola, tal vez el día de mañana aparezca alguien que me fascine lo suficiente como para quedarme toda tonta y me pille. Y tal vez esa persona no me considere suficiente, o sí y sea la repera. Pero hoy por hoy, con mi edad y a estas alturas de la película, creo que prefiero no vivir en un estado de amargura constante.

Con Dios.

La anti-lista

Me aburro supinamente. No sé por qué, no tengo tiempo para ello. Llevo todo el día de un sitio para otro, que si universidad, que si oficina, que si clases, que si hostias en vinagre; pero bueno, así dejaré de poder echarle la culpa de los kilos que he cogido desde que estoy en Valencia al sedentarismo para pasar a la cruda realidad: la comida china y el helado.

Pero el aburrimiento no es lo que me ha traído aquí de todos modos, sino mi necesidad de hablar sobre qué no hacer si quieres tener una pareja estable. O ligar en general. O qué narices, conseguir que un chico se interese por ti. Porque es muy fácil conseguir a un chico para un rato. Para el primer rato. Lo difícil es conservarlo, o al menos hacer que él tenga ganas de compartir más momentos contigo. Tanto si sólo quieres partidas de cartas ocasionales como si quieres algo serio, hay una serie de puntos o unas bases fundamentales que debes tener claros. Sigue leyendo

Cómo conseguir que os deje una chica

No sé si a los chicos os pasa; pero, por cosas que me han contado amigos, creo que a algunos al menos sí. El caso es que a las chicas nos suele costar un montón dejar a un chico directamente, así que utilizamos distintas técnicas para cortar la relación sin que ninguna parte sufra más de la cuenta. Se llama cobardía empatía, las chicas tenemos.

Estas diversas técnicas son combinables, ya que algunos chicos parecen (o lo fingen muy bien) ser tontos. Empezamos por lo suave, con frases del estilo de “estoy mala de la garganta, no te acerques mucho no vaya a ser que te lo pegue”; y, si vemos que eso no funciona, vamos hacia arriba en la escala de crueldad: primero dar largas, luego ponernos malas una semana, problemas familiares, muerte de algún familiar lejano que vive en Cádiz… hasta llegar al nada sutil “DÉJAME VIVIR, POR DIOS”.

Nos sale hasta bigote por la empatía

Nos sale hasta bigote por la empatía

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Inercia

En primer lugar, muchas gracias a todos los que me habéis mandado mensajes deseándome que me mejore de lo de mi muela de la muerte, no me los merezco con lo mala mujer que soy. Eso sí, dejo clara una cosa, este agradecimiento imaginadlo con la voz de la Duquesa de Alba, porque mi movilidad maxilofacial actual es parecida.

Ahora ya sí, entro en materia. Hoy voy a hablar de la inercia amorosa. De estas relaciones de pareja que rompen-vuelven-rompen-vuelve-rompen-vuelven mil millones de veces hasta que lo dejan definitivamente. Todos hemos pasado por algo así o conocemos a alguien que esté pasando por ello. Tanto si lo vives tú como si lo ves desde fuera, es una experiencia bastante… intensa. Sigue leyendo

Helado de chocolate, película lacrimógena y pañuelos

El otro día publiqué un post sobre rupturas y dejé en el aire que una mujer “dejada” es totalmente diferente a una mujer que rompe una relación. Mientras que los hombres terminando siempre volviendo a suplicar, las mujeres actuamos de manera aleatoria, combinable y caótica. Sigue leyendo

Tipos de ex

Nada mejor en el día de los enamorados que hablar de los tipos de ex, yo soy así, me gusta joder la marrana, lo siento, pero es lo que hay.

Todos, o casi todos (probablemente los forococheros no), tenemos expareja; y todos les hemos dicho cosas hípercursis. Los chicos no podéis haceros los duros aquí, porque como mujer hetero que soy, he oído las largas sartas de ñoñerías que vomitábais en pleno éxtasis de felicidad parejil. A continuación algunos ejemplos: Sigue leyendo